¿Aliadas o enemigas? Opiniones sobre las apps de rastreo de contactos con la COVID-19

Desde que comenzó la lucha contra la COVID-19 y el distanciamiento social se convirtió en la nueva normalidad, hemos pasado a depender cada vez más de la tecnología. Se ha convertido en nuestra aliada en el esfuerzo global por aplanar la curva. No obstante, los ciberdelincuentes también la han usado para sus viles propósitos y se han aprovechado de esta situación tan complicada para robar datos y propagar software malicioso. Durante el último año, la protección de datos y la seguridad se han convertido en temas cruciales no solo para los particulares, sino también para las empresas y los gobiernos, dado que cada vez más países están valorando soluciones tecnológicas para frenar el contagio del virus.

Las aplicaciones de rastreo de contactos se han propuesto como una forma efectiva de ralentizar la propagación de la enfermedad. Pueden ayudar a evitar nuevos confinamientos, siempre y cuando un porcentaje importante de la población esté dispuesta a usarlas y ponerse en cuarentena voluntaria si fuese necesario. Mientras que el rastreo digital de contactos promete ser mucho más efectivo que el rastreo manual, las tecnologías de rastreo están suscitando preocupación respecto a la privacidad.

En nuestra misión de proteger a las personas en el mundo conectado, trabajamos para desarrollar herramientas que les permitan tener el control de sus datos y estar protegidas en línea. Además de ofrecer herramientas de privacidad y seguridad, también tratamos de informar sobre derechos digitales. Entender el impacto de la COVID-19 en las vidas virtuales de las personas se ha convertido en nuestra prioridad durante los últimos meses.

Para descubrir cómo perciben las aplicaciones de rastreo de contactos los estadounidenses, nos hemos asociado con Opinion Matters y hemos analizado sus inquietudes respecto a la privacidad. De nuestro informe detallado de la encuesta se desprende que más de un 70 % no estaría dispuesto a usar una aplicación de rastreo de contactos, principalmente porque no confía en la tecnología de rastreo. A continuación, compartimos contigo varios de los comentarios y opiniones de los encuestados. Sus palabras no solo son una contundente manifestación del escepticismo que rodea a estas aplicaciones, sino que además testimonian el espíritu estadounidense.

¿Qué opinan los estadounidenses de las aplicaciones de rastreo de contactos con la COVID-19?

«¿Que registren mi libertad? Eso no puede ser».

Más allá de quién esté detrás de las aplicaciones para la detección del contacto con el virus —autoridades sanitarias, gobiernos o compañías tecnológicas—, muchos estadounidenses lo perciben como una amenaza hacia su derecho fundamental a la libertad.

Mientras que los gobiernos estatales han considerado alternativas modernas al rastreo tradicional de contactos, Apple y Google se han aliado para crear una interfaz de programación de aplicaciones (IPA) que promete ser segura, privada y fiable. El trabajo de estos dos gigantes ha sido recibido con escepticismo por el público general, y solo tres estados (Alabama, Carolina del Sur y Dakota del Norte) han accedido a usar la IPA, según un informe publicado por Business Insider. No parece importar que la tecnología bluetooth que han desarrollado Apple y Google no emplee servicios de ubicación para detectar la proximidad con alguien que haya sido diagnosticado como positivo. Y tampoco que identificadores de proximidad obtenidos mediante balizas bluetooth se procesen exclusivamente en el dispositivo. Parece que los estadounidenses consideran cualquier tecnología de rastreo como un ataque a su libertad. Esta situación nos recuerda a una inquietud que Edward Snowden expresó de forma elocuente:

La libertad de un país solo puede calibrarse según el respeto que tiene por los derechos de sus ciudadanos, y estoy convencido de que esos derechos son en realidad limitaciones del poder estatal que definen exactamente dónde y cuándo un gobierno no debe invadir el terreno de libertades personales o individuales, que durante la revolución estadounidense se denominó «libertad» y en la revolución de internet se llama «privacidad».

Edward Snowden. Vigilancia permanente. Planeta, 2019, págs. 18-19.

«No tengo suficiente información sobre ellas».

Para hacer hincapié en la importancia de la privacidad y la seguridad, Apple y Google ofrecieron detalles sobre el cifrado de metadatos y señalaron que su aplicación descentralizada cambia el identificador de proximidad del usuario cada 15 minutos. Es más, cambiaron el nombre de la especificación bluetooth de «Rastreo de contactos» a «Notificación de exposición» a finales de abril. Este cambio de nombre, sin embargo, apenas influyó en la percepción de la tecnología por el público. Varios de los encuestados comentaron que no usarían las aplicaciones sencillamente porque no las entienden y están «mal informados».

«Cualquier dato que recopilen se filtrará o será pirateado».

Aquellos que están familiarizados con la tecnología, saben que no hay aplicaciones 100 % seguras. Muchos temen que los ciberdelincuentes encuentren el modo de piratear las aplicaciones de rastreo de contactos de la COVID-19 y filtren datos confidenciales. Es un miedo legítimo: siempre que hay una crisis, va a haber alguien que intente aprovecharse de ella. Además de potenciales vulnerabilidades de seguridad, los expertos en seguridad informática señalan que los ciberdelincuentes pueden inundar las tiendas de aplicaciones con aplicaciones falsas maliciosas que se parezcan a las legítimas. Antes de instalar una aplicación que rastree tu exposición a la COVID-19, deberías hacerte ciertas preguntas fundamentales.

«Tengo muchos problemas de salud, y no quiero que mis datos médicos estén por ahí sin control».

A muchos estadounidenses les preocupa el alcance que pueda tener la información sanitaria recopilada por las aplicaciones. Temen que otros problemas de salud puedan quedar registrados y que terminen por caer en manos de los proveedores de servicios sanitarios. Un encuestado planteaba con preocupación que «la información podría usarse para denegar la cobertura médica». La pandemia del coronavirus ha incrementado la preocupación por el sistema sanitario de Estados Unidos.

«Es un engaño para someternos a la vigilancia de un estado policial».

El miedo de que el uso de aplicaciones de rastreo de contactos siente un precedente peligroso, al normalizar la vigilancia masiva, aumenta la desconfianza de los estadounidenses en su Gobierno. Del pequeño porcentaje de ciudadanos dispuestos a usar la tecnología, la mayor parte de ellos confían mucho más en las compañías tecnológicas que en las instituciones gubernamentales.

Además de las sospechas de los estadounidenses sobre cómo las autoridades protegen sus intereses, las noticias falsas y las teorías de la conspiración se han propagado rápidamente durante la pandemia y han contribuido a aumentar la inquietud. Al pedirles que hablasen sobre su reticencia a las aplicaciones, algunos mencionaron que las aplicaciones son «una artimaña para la vigilancia policial del Estado contra los informantes y disidentes», que «el Gran Hermano las usará como herramienta de opresión» y que «darán motivos a un gobierno tiránico para obligarnos al confinamiento».

«Yo no tengo la COVID-19, así que no es necesario que me rastreen».

La lucha global contra la COVID-19 ha vuelto a plantear un dilema filosófico clásico: la cuestión de la acción colectiva. Según un estudio realizado por la Universidad de Oxford, las aplicaciones de rastreo de contactos pueden contribuir a la contención de la pandemia solo si más de un 60 % de la población las usa. Aunque esta estadística ha sido motivo de controversia, expertos del mundo entero parecen estar de acuerdo en que más de la mitad de la población tendría que usar las aplicaciones de rastreo de contactos para alcanzar el objetivo de contener la pandemia.

Corea del Sur ha demostrado lo efectivas que pueden llegar a ser estas aplicaciones. Este país ha usado mensajes de texto y avisos de la aplicación para notificar a la población encuentros con personas infectadas. Al ponerse en cuarentena de forma inmediata, los surcoreanos consiguieron controlar los brotes y evitaron un confinamiento estricto gracias a su esfuerzo colectivo, sin cuestionarse el proceso impuesto por sus autoridades.

Epidemiólogos y estadistas han explicado por qué es fundamental que cada individuo contribuya con datos a alcanzar este objetivo común. Aún así, parece que hay muchas personas «aprovechadas» que no están dispuestas a hacerlo. Hay quien dice: «Yo no tengo la COVID-19, así que no es necesario que me rastreen», mientras que otros responden sin tapujos que no les importa.

«No uso aplicaciones».

Aunque hubiese más personas dispuestas a pagar el precio de compartir sus datos sanitarios a cambio de ralentizar la propagación del virus, algunas no tienen siquiera esta opción. Se calcula que el número de usuarios de smartphones en Estados Unidos es de aproximadamente 255 millones, según Statista. Millones de estadounidenses no disponen de un smartphone y, aun teniéndolo, hay quienes no usan aplicaciones. Por desgracia, los que no pueden beneficiarse de la tecnología constituyen la población de riesgo: los mayores.

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Ya estemos a favor o en contra de las aplicaciones de rastreo de contactos, una cosa está clara: la concienciación sobre los problemas relacionados con la privacidad virtual va en aumento. Incluso antes de la pandemia, ya se prestaba más atención a la privacidad de los datos en Estados Unidos, pues la Ley de Privacidad del Consumidor de California entró en vigor en enero de 2020. Además de los cambios a nivel global provocados por la pandemia, este año podría traernos nuevas formas de relacionarnos con la tecnología.

Creemos que los resultados de esta encuesta deben ser recibidos tanto por los desarrolladores de aplicaciones como por el Gobierno como una señal importante. Las aplicaciones de rastreo de contactos de la COVID-19 podrían estrellarse antes de su lanzamiento si los desarrolladores no dialogan con el público acerca de cómo pretenden proteger la privacidad de los ciudadanos. Es más, en estos momentos la mayoría de estadounidenses confían más en las grandes empresas tecnológicas que en el Gobierno. Para que esta importante misión tenga éxito, los expertos en tecnología deben liderar las cuestiones referentes a las aplicaciones de rastreo de contactos de la COVID-19.

Travis Witteveen, director general de Avira

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